martes, 12 de diciembre de 2017

QUE CAP IMPERI ENS ALIMENTI DE FANG 


Se’m fa impossible no posar-me al lloc dels presos polítics que són a la presó, - com si empresonar a algú no fos, realment, un acte de violència tan implícita com explícita, - i normalitzar l’opressió viral i psicològica que està exercint l’imperi de la llei contra tot tipus de persones. 

La presó no és un divan on descobrir els marges de la saviesa per sortir de la caverna i reconduir la vida; la presó és un mitjà claustrofòbic, violent, on la penitència és la lliçó que els perduts han d’acceptar per ser lliures.

De la Grècia Antiga fins a l’actualitat, la violència ha tingut una funció redemptora decisiva que ha construït amb el pas dels segles canvis en la nostra manera de comprendre el patiment, la mort i les revolucions socials. Amb l’empresonament dels Jordis i dels consellers escollits democràticament pel poble, l’estat s’ha valgut una vegada més de la pompositat del teatre de la crueltat on el sadisme es complimenta, a més, amb la detenció i la reclusió forçada, inoculant un ideari molt anterior a la constitució del 78.

La crisi de pertinença que genera en nosaltres el trauma de la violència i de l’empresonament, - tant el trauma físic com el trauma emocional - augmenta la bipolaritat entre la víctima i el botxí, entre qui imposa la llei i qui la pateix. Aquesta bipolaritat és una trampa que la història repeteix.

La violència s'instal·la, es queda i dorm amb nosaltres. Roman agitada, en una mena d’estat letàrgic, pesat i rabiüt alhora, i s’esforça per normalitzar una reiterada agressió física i emocional que ve de fora. Una vegada a dins nostre, a la violència li costa fer les maletes.

L’augment de la irritació, la dificultat per agafar el son o la labilitat emocional són algunes de les conseqüències de veure’ns fortament sensibilitzades per la violència. Acompanyades per les dures imatges que es van viure l’1 d’octubre, aquest procés de naturalització basteix la violència mateixa i s’interioritza en nosaltres en forma d’autoagressió. És així com la modernitat, amb el beneplàcit de les relacions humanes líquides i la híperinformació (també els ja coneguts bots) acaba per transformar la violència pública en una violència infecciosa, íntima, que irromp en la vida directa de persones. De forma punyent, Byung-Chul Han senyala que 'les tècniques de dominació també fan ús d’aquesta interiorització de la violència. S’ocupen de què el subjecte d’obediència interioritzi la instància de dominació externa i la converteixi en una part del seu ser'.

Tot plegat hauria de portar-nos a construir una mirada transversal i multifactorial de la violència, on tots els agents de canvi tinguessin el repte de convertir l’autoagressió en salut preventiva, en autoconeixement, i en ganes de compartir no solament la lluita sinó també la capacitat que tenen les persones de cuidar-se. Que cap imperi ens alimenti de fang.

miércoles, 18 de diciembre de 2013




LA DIALÉCTICA MUDA

     Para engrosar una separación entre dos espacios o lugares no es necesario levantar un muro, una tapia o un reja; tanto la anchura como la altura de la mismas no son, para nada, una separación auténtica. El tiempo acelerado en que vivimos nos dice sin apenas excepciones que para separar o disgregar no hace falta levantar absolutamente nada y que, quienes sí levantan muros y cercos tienen motivos más personales que nada tienen que ver con los conflictos reales que padece todo mundo: mayorías, minorías, refugiados, políticos obtusos, activistas de todos los polos y demás. En realidad, pienso que para engrosar una separación entre dos espacios o lugares solo hace falta callar. 


     Albert Chavarria, amigo y conductor insaciable de líneas en papel y en carretera nos acerca a esto en el artículo de Q9, ágora digital, titulado Bajo el cielo de Scharoun. Con su visión, el autor nos induce a su modo de percibir y de sentir lo que observa desde su bosquejo teórico y experiencial. Más allá de las cuestiones técnicas que no entiendo, el artículo nos presenta la dialéctica muda de lo que se levanta arquitectónicamente en un lugar, y más tarde, acaece verdaderamente con un entusiasmo social e histórico que llena de sensibilidad el espacio y el territorio. Así sucede con la Neue Staatsbibliothek de Berlín: así és en el artículo, cit. "pues toda su fachada oriental es ciega, no en actitud de rechazo sino de vergüenza (...) parte de la colección de libros que poseía la Biblioteca se hallaba al otro lado del cerco (...) así como la ciudad el archivo también quedaba dividido". Bien sabe el autor que la presencia de un elemento arquitectónico es tanto un elemento como un significado y que dividirlo puede perjudicar el estado emocional de quienes lo habitan o se desplazan en él.   


     ¿Qué ocurre cuando separamos el elemento y el significado? Melilla y su Valla (1993-2013). Anchura y altura bien definidas: 6 metros de altura y 12 kilómetros de longitud. Arriba, asomando de forma acicular miles de cuchillas sacan el pecho con orgullo cortando el espacio. Ellos, subsaharianos en su mayoría, parecen gatos saltando contra la pared, contra una sombra, lo más alto posible; sombra que es mismamente la de todos, pues todos somos ciudadanos de un país de herencia y calidad xenófoba. Esta es nuestra sombra. No se trata solamente de la era del fin del espacio (Bauman, Z. ) donde todo puede llegar a convertirse en una herida fronteriza que separa y estigmatiza sino también de la involución de un presente donde la dialéctica muda es híper-real y se reparte a modo de sombra social que contrae la sensibilidad. Mudos por la ley. Mudos por el miedo. Mudos por el poder, mudos multiplicados que, en su resultado, permiten  que otros se despedacen las extremidades en una Valla de mierda. 


     Pienso que la dignidad se nos va... y que tal vez algún día, los que sí consiguen saltar la Valla de Melilla podrán recordarnos las palabras de sabiduría y de ternura que nosotros hemos ido olvidado en el camino de construir una vida. Ese gran día cortaremos nuestras cuchillas y seremos más libres que las hienas.  

   




viernes, 15 de noviembre de 2013




QUIEN VIERTE INVIERTE


El dolor de la tierra tiene su raíz en las inversiones y en las transgresiones del poder, y en el riesgo estrecho y desmesurado por mantenerlo. 2002. Buque con fuel oil del malo. Grandes olas azules de seis metros. Galicia. Hay miedo. Hay falta de información. Hay Intereses políticos, dinero y bulos. Conceptos: tanque, buque, contenido, evacuación y manchas. Tan solo niños y brujas murmuran acerca de una marea. Incertidumbre. Es temprano.

En Muxía ya no abren el televisor. Quienes lo encienden saben lo que hay. Hay 77.000 toneladas de fuel oil derramadas. 2.000 km de costa. Uff. En el pueblo no tienen falta de información, pues ellos son la información. Ellos son, en cierto modo, el vientre de la información. No hay minutos de silencio suficientes para fiscalizar a la derecha trabajadora ni tampoco a la derecha fascista. Culpa, miedo y rencor, mucho rencor: Política. Pero la peor palabra está por llegar. Día 17. Hay conceptos nuevos: rotura, fisura, control y desastre ecolológico. Se filmarán  películas, se escribirán libros y también se tirarán fotos, y en ninguna de ellas saldrán los niños ni las brujas. La realidad no saldrá. Uff qué desastre. El sentimiento de culpa será grande y poco digerible para los responsables, pensará un abuelo justo después de prohibirse mirar hacia fuera. La mierda me llega hasta los ojos, dirá. Fillo de puta, dirá. Su  llanto en cambio no se dirá... ¿Quién saldrá a faenar con esto? La peor palabra, la que estaba por llegar, al fin, en las playas: chapapote


Hoy. 2013. Sentencia en A Coruña. Conceptos: absolución, fallo estructural, decepción y "ley del silencio". Ingesta de petrolio de las aves al limpiarse el plumaje. Costa de la Muerte. No hay culpables. La recuperación del ecosistema será total, dicen por allí los del PP. Inútiles. Que vayan ellos a hacer gárgaras. ¿Unos pequeños hilitos? Los conceptos se multiplican por diez. Los daños, en cambio, se minimizan. 4.328 millones en daños. Le han puesto precio a la naturaleza y a la sociedad. Recuerden que a partir de hoy, siempre y cuando no hagamos nada para cambiarlo, -la naturaleza y nuestro bienestar está en manos de quién derrama e invierte dinero y chapapote en la tierra-, pues quien vierte invierte, y quien invierte nunca quiere perder. Hagámoslo perder... Hagámoslo perder. Por la tierra. Por las brujas y nuestros niños, que somos todos. Nunca Máis.







martes, 30 de julio de 2013



EL PODRÍA PODRIDO



Hoy, la mayoría de mis compañeros de la universidad no trabajan en el oficio en que fueron formados. Su profesión y tal vez su vocación ha quedado relegada por una voluntad que superior, una voluntad más grande que bien podríamos llamar 'el ego de los mercados'. A pesar de que la fuerza de los mercados nos ayude a cubrir nuestras necesidades y a respirar con fragancia de horchata, su inercia acelerada nos da mareos, náuseas y enturbia todo aquello que hemos sentido, decidido y realizado. Si el ego de los mercados hablase me preguntaría lo siguiente:

- ¿Es usted un buen psicólogo?
- Sí.
- Pues jódase. Hoy limpiará cristales y mañana ya veremos. 

Digo esto porque aun así creemos que no pasa nada, pues pensamos firmemente que todo podría ir peor... Tal vez los buenos amigos podrían haber sido ejecutados; no lo sé, tal vez los ríos podrían estar secándose como los huesos de los viejos y, sin ir más lejos, los bebés en muchos lugares desarrollados de Estados Unidos, de Japón o de Lienchestein podrían estar muriendo inexplicablemente debido a un virus vicioso. Otro caso sería el de la irrupción de una mutación de conejos asesinos letales que quemasen el domicilio de todas las familias numerosas y estrangularan a madres y a padres, dejando a los hijos del mundo sin mundo, sin una protección, sin una estabilidad y sin cereales ni zumos naturales servidos antes de la primera luz del día. 

Todo podría ir muchísimo peor, es fácil pensarlo, creerlo e incluso escribirlo. Si le ponemos ganas, ahora mismo podrían estar lloviendo pedazos de hierro del cielo, estatuas de dictadores de una sola pieza o los dictadores mismos. Podrían caer también extremidades amputadas o tanques de combate Leopard 2A6. Podrían caer tiburones, pobres tiburones. ¿Tantas cosas podrían caer del cielo y no caen, verdad? 

La corazonada de que todo podría suceder dramáticamente se hace miedo en nuestros actos. El drama no es sobrevivir en el mundo donde nacimos pues sobrevivir hoy es más fácil, el drama no es sino tener que desalambrar la codicia y el dinero de nuestra piel, de nuestros ojos, de la calle del mundo donde todos nacimos.

El impuesto que hay que pagar para quejarse y desalambrar lo dañino de la sociedad del bienestar es el miedo a perder todo y la incertidumbre hacia lo que viene. Más que nunca vivir en la incertidumbre es una obligación, algo semejante a un imperativo natural, a un saber estar. Entendemos que lo peor que podría padecer este mundo (por absurdo y estúpido que suene) podría solventarse e incluso resolverse si sufrimos un poquito. Sufrir formalmente, por decirlo de algún modo. Tan solo si nuestra respuesta al miedo tiene un sentido de dolor formal para los que hoy toman decisiones de alta responsabilidad (banqueros, grandes  empresarios y políticos, por este orden) entonces y solo entonces nuestro futuro puede gozar de una gracia social económica mayor.  

Con esto, se ha decidido que la verdad de nuestra era postmoderna sea la de enhebrar por el camino del sufrimiento en la dirección de lo que podría suceder, dejando de lado lo que sí sucede realmente.

Los defensores del orden, del estado del bienestar y de lo homeostático e intocable no les gusta ver como la pluma que antaño daba placer y dinero hoy da, además de muchos otros acontecimientos: desahucios aterradores, emigración masiva de emprendedores y no emprendedores, aumento de la tasa de suicidios, despidos colectivos y una sorprendente aunque esperable disminución de la esperanza de vida. 
Digo esto porque aun así parece que no pasa nada.

Lo que llaman plan de austeridad económica és en realidad un plan de austeridad del alma, un plan de austeridad del presente, un plan de austeridad de la autenticidad, un plan de austeridad de la transparencia, un plan de austeridad de la educación, un plan de austeridad del pensamiento y un plan de austeridad de las ideas.


"Aunque el abismo te acorrale, no estarás dormido, irás corriendo en busca de ese futuro, aunque levantes espejismos te irás como un fugitivo, por nuevos caminos con menos de todo, pero más cuerdo más sabio y más vivo" 






domingo, 28 de abril de 2013



CIMIENTOS DE HARINA


A lo lejos, detrás las montañas

Hay un terreno circular de unos ocho kilómetros de diámetro, con paredes de cristal y tres niveles, muy parecido a una pecera inmensa, soberbia, con el suelo enmoquetado y amueblado con aire clásico y aroma a lavanda. Todo el techo queda pintado de un tono amarillo plátano que, con la efusión de luz que entra a lo largo estimula los pensamientos más curvos y difíciles.

Aire acondicionado en verano y un billar de carambolas en el salón justo al lado de un espacio más cerrado para el descanso que dispone de un olivo muy efectivo, de plástico, en el centro, como un refugio estilo zen que enjuaga la sangre enferma - la sangre de las clases - , y desanuda la garganta antes de que el bolo de angustia trepe por el pecho y  llegue al cerebro dónde miles de impulsos eléctricos disipan la energía que arroja el cuerpo por los codos, por los puños y por las palabras. Del primer piso nadie puede salir y cabe decir que unos pocos quieren hacerlo.

El segundo piso está revestido de estanterías willy y libros, muchos libros  ̶  todos los que todavía nadie e insisto, nadie, ha leído  ̶  y que permanecen compilados en las estanterías neuróticamente ordenadas de la A.0.0.0 a la Z.9.9.9, sin polvo, sin caos y sin ruido… el sueño carnal de un bibliotecario, de un policía, de un empresario o de una prostituta, pues a nadie le gusta el ruido en su campo de trabajo. Tan solo el escritor que no sabe hacia dónde va su texto /ni su vida/ se siente cómodo ahondando en el jodido ruido, aunque se trate de un policía- escritor,de;prosa.poética, de una prostituta que memoriza tangos o de quien los contrata a ambos. Sea quien sea el que escribe, siempre será capaz de soportar cualquier rumor del oleaje, cualquier ajetreo de la calle o grito por ensordecedor que sea. En el segundo piso se inventa el cuerpo de conocimiento básico para sobrevivir en la tierra y, aunque superficial, es tan importante como la piel para los golpes.

Allí en el centro del terreno circular brota una escalera de tuerca, de modo que del segundo se baja al primero al tiempo que se puede llegar hasta el siguiente. Bajar a la pecera inmensa o escalar un nivel es la decisión más significativa de lo humano: es escoger la trayectoria del espíritu de uno mismo y de la relación con los demás y con todas las cosas. Hay que recapacitar bien si se quiere bajar o no, si uno prefiere guiñarle el ojo a lo zen y limpiarse la sangre, o, subir la escalera hacia el último piso, sin pausa.

Hay más luz en una chimenea que en el tercer piso. El cristal se vuelve de hollín e impide reconocer los objetos del nivel: solamente disponiendo las manos a pocos milímetros de la cara se puede distinguir las uñas de la yema de los dedos... Quien sube al tercero dice que hace ‘mal tiempo’ o que lloverá encima de él, y que faltaría encajar allí una chimenea para dar calentura al espacio y tal vez también un punto de luz.

Quien sube al tercero no hace metáforas sobre la luz de las chimeneas en lugares  oscuros o en terrenos circulares, quien sube lo cambia todo: limpia cristales y se deja mojar por la cerda incertidumbre de lo triste, de lo nauseabundo y complejo; allí no se levanta un refugio ni se critica nada para crecer, tan solo se construye un hogar donde vivir y morir, un hogar con cimientos de harina que sirve para estar de buen dulce con uno mismo. Demasiados quieren arriesgarse y subir al tercer piso - y quien lo consigue no tarda en perder el habla, su habla - la que le permite opinar desde los impulsos propios, des del corazón, y no mediante la raíz genética del juicio como tradición ultrapasada del conocimiento.

Hay un terreno circular de unos ocho kilómetros de diámetro con paredes de cristal y tres niveles: allí se encuentran repartidos todos los hombres y mujeres desatendidos del siglo XXI. 



                                                                                 Runa Islam - Assault



domingo, 21 de abril de 2013



FUCKALIZACIÓN  (Uno)


Está dormido. Profundamente dormido. Le duele la cabeza estando dormido, y aunque estuviera despierto buscando un trabajo seguiría dormido, profundamente dormido, con el mismo temblor en la conciencia. Algo para nada solemne ni saludable. Lo de estar dormido es un pretexto para no hacer, una excusa para no ir en contra de las sábanas y a fin de cuentas, un pacto con la suerte para no meterse en problemas aquí o allá o en algún punto situado entre la voluntad durmiente y todo lo demás; como una madre, una opinión o una guerra de inacciones  ̶  o de objetos  ̶ .   


Muchos patos se desperezan en su jardín. Está dormido pero tiene un jardín, ̶ ̶  no es el jardín de Tagore, pero es un jardín  ̶   un jardín lleno de patos. Patos chicos. Patos con talento. Patos torpes. Patos. Los patos tienen un carácter, y los hombres tienen pan. Hombres jóvenes. Hombres con talento. Hombres torpes. Hombres. Pero todos los patos quieren pan y en el jardín no hay pan ni otra comida. Los patos chicos cierran los ojos nomás nacer. Los patos con talento se sacian con la tierra que no sirve para ellos, y su hígado revienta como el vaso en el fregadero. Los patos torpes imitan a los anteriores y ciegos de memoria revientan también. Todos los hombres tienen pan  ̶  y en su mesita de noche hay pan ­ ̶  y aun así, los hombres jóvenes no huelen el pan que tienen justo al lado. Los que tienen talento prefieren engullir algo más selecto como unos sándwiches. Los hombres torpes, en cambio, són los únicos que comen pan: todo el pan que tienen los seres humanos, el que hay al lado de todas las camas.   


I will - Matchbox Twenty